RECORDO EMOCIONANTE 11M
Graachus Babeuf, recorda con emoción tan desgraciado dÃa,No me atrevo a decir nada…..o paso e listo, tal como ten no seu blog….
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Mis recuerdos del 11 de marzo
A las ocho y diez, cuando salÃamos de tomar café, a R. le sonó el teléfono. Era su mujer, que le contaba, con miedo, la tremenda explosión que habÃa oÃdo desde casa, cerca de Vallecas. Poco después, era mi madre la que me llamaba, muy asustada, por lo que estaba oyendo en la radio. Me parecÃa que exageraba: hemos sobrevivido a tantas bombas en Madrid…
De vuelta ya a la oficina, todo fue poner la radio, y saltar de una a otra página de Internet. Pero a alguien se le ocurre preguntar por quién falta. Nos quedamos todos mudos. Repasamos mentalmente a los compañeros que habitualmente llegan a trabajar en tren, y faltaban dos. Después de muchas llamadas, y de los interminables bloqueos de teléfonos, los encontramos, ya en su casa: “Nos vemos mañana, ya es imposible venir aquÃâ€.
Dice Ã.: “Pues estará contento Carod Roviraâ€. Y yo me enfado: -“Pues estará contento Aznar, que va a ganar las eleccionesâ€. “Pues será Aznar el que a puesto las bombasâ€. “Pues será Carod Rovira†contesto yo. MJ se interpone entre nosotros, y evita el conflicto. Coincidiré con ella varias veces al fondo del pasillo, donde Ãbamos a que nadie nos viera llorar. Todos estábamos seguros de que los culpables eran los de siempre.
P. no dijo una sola palabra en toda la mañana. Ya no eran 40 o 50 muertos: vamos a más, y nos cuesta asimilarlo.
El mismo Ã. con el que discutÃ, se baja a hablar con los fachas: “Los rojos de arriba están como celebrándoloâ€. Contesta el facha gordo: “A mà los rojos me tocan los cojonesâ€.
Antes de las once, me llamó B. (sà a las once la mañana del mismo dÃa 11 de marzo): “Tenemos la seguridad de que es un atentado islamista, todo lo de ETA es mentira. En … (el medio de prensa público en el que trabaja) todos tenemos la seguridad de que han sido los islamistas, pero tenemos prohibido difundirlo”.
Se asoma por la oficina un puto cabrón, al que le informamos de nuestras últimas noticias: todo apunta al islamismo radical. Su respuesta: “SÃ, y mi prima tiene una pescaderÃaâ€. ¿Vende mucha palometa tu prima, hijo de puta?
Nos Ãbamos al hospital a donar sangre, cuando me vuelve a llamar mi chica. No es necesaria más sangre, tienen la seguridad de que no ha sido ETA, pero se juega el trabajo si lo difunde por el teletipo. “¿Qué hago?”, me pregunta. “Tenemos dos hijos muy pequeños, y una hipoteca muy grande”, le contesto.
Me voy a Madrid, al cole,, y me encuentro a M., la madre de J. “¿Cómo estás?”. No puedo contestar. Tengo la garganta cerrada. Ella lo entiende, y solloza.
El resto del dÃa, en casa, la tele apagada por los niños. B. no volvió del trabajo hasta las 2 de la madrugada.
El dÃa siguiente volvió al trabajo, pero a la estación de Santa Eugenia. Los niños de primaria de un colegio próximo escenificaron un homenaje a las vÃctimas. Salieron de sus clases en fila, y humedecÃan sus manos en pintura blanca, con la que dejaban las huellas en un gran papel de estraza que cubrÃa un muro del patio. Me vuelve a llamar, emocionada: “No puedo hacer mi trabajo: cada vez que me dirijo a alguien, me emocionoâ€. Un coche para frente a la Renfe, se abre una puerta y sale corriendo una niña, que deja un ramo de flores en la puerta de la estación. Hoy también acaba su trabajo de madrugada.
A mediodÃa del viernes, suspendemos una reunión, y acudimos a la concentración. Cinco minutos de silencio estremecedor, el abrazo sincero de viejos compañeros, y las palabras ambiguas de un cargo polÃtico del PP.
El sábado ya no podemos más. Estamos en casa escuchando alternativamente la radio y la televisión, y la evidencia de la manipulación crece. También crece la indignación. A las nueve de la noche, se me acaba la paciencia: ¡A Génova! me invitan varios mensajes en el móvil. Allá voy, exaltado.
Salgo de la boca de Metro saltando los escalones de tres en tres, gritando desaforado y dispuesto a pegarme con quien sea. Y lo que encuentro en la calle me detiene: Miles de personas, la mayorÃa jóvenes, en una actitud de indignación pero con la paz en las manos y en la boca. Sabéis de sobra el resto de lo que pasó esa noche. Al dÃa siguiente, a votar. De los primeros de mi mesa. Y esa noche, otra vez, una lagrima en recuerdo emocionado a las vÃctimas del 11 M.
TodavÃa ahora, cuando levanto los ojos del periódico, y veo los vagones rojos y blancos, blancos y rojos, siento un escalofrÃo de miedo.
Mañana se cumplen 3 años.